USO te ofrece algunos consejos para gestionar los riesgos psicosociales y los TME.

En la vuelta al trabajo, la interrelación entre riesgos psicosociales y TME pueden dificultar este regreso tras una incapacidad temporal. Por ello desde el Gabinete de Salud Laboral analizamos la conexión entre ambos y os ofrecemos algunos consejos para gestionar adecuadamente estos riesgos para vuestra salud laboral.

Interrelación entre TME y riesgos psicosociales

Los trastornos musculoesqueléticos o TME son causantes de la mayor parte de la siniestralidad y el absentismo en la empresa. Se caracterizan típicamente por dolor y limitaciones en la movilidad, la destreza y la capacidad funcional, lo que reduce la capacidad de las personas para trabajar y participar en roles sociales con impactos asociados en el bienestar mental.

Las intervenciones para mejorar y reducir los factores de riesgos psicosociales asociados al estrés pueden tener un impacto importante en la recuperación de los TME y en una vuelta sostenible al trabajo. Un informe de EU-OSHA muestra los hallazgos de cómo los factores de riesgo psicosocial en el trabajo y los TME están conectados:

  • El bajo apoyo social tiene relación con el dolor muscular, específicamente, con el dolor en la espalda baja, el cuello y los hombros.
  • Un bajo nivel de control del trabajo, lo que incluye una falta de autoridad para la toma de decisiones, se ha demostrado que está directamente relacionada con el dolor de espalda, cuello, hombros, muñecas, codos, caderas y rodillas.
  • La poca satisfacción laboral se asocia con el dolor en las extremidades superiores y la espalda baja.
  • La falta de conciliación y los conflictos entre el trabajo y la vida están asociados con el dolor lumbar.
  • En los casos de discriminación, acoso e intimidación, se encontró una relación indirecta a través de la tensión psicológica.

Por tanto, ha quedado demostrado que existe una estrecha interacción entre el dolor musculoesquelético y la salud mental. Más ejemplos: se han encontrado asociaciones entre TME en la espalda, miembros inferiores y superiores y situaciones de abuso verbal, atención sexual no deseada, intimidación e instrucciones de trabajo poco claras, o que para aquellas personas con un TME crónico es más difícil ignorar sus síntomas de dolor cuando se sienten estresadas.

La EU-OSHA recomienda en varios informes que se debe llevar a cabo una evaluación de riesgos integrada. Esto implica que las herramientas de evaluación de riesgos deben actualizarse para cubrir la relación entre los riesgos físicos y psicosociales. Por tanto, as evaluaciones de los riesgos físicos y psicosociales deben estar vinculadas.

Vuelta al trabajo después de una incapacidad temporal

Las medidas de vuelta al trabajo tienen por objeto facilitar la reinserción laboral después de una incapacidad temporal de larga duración. Su objetivo es apoyar a los trabajadores con capacidad de trabajo reducida, ya sea que sufran TME crónicos, cáncer u otros problemas de salud.

Estas medidas de reincorporación les ayudan a recuperar su salud en el trabajo y a reducir los riesgos de incapacidades a largo plazo, que a menudo se asocian con enfermedades crónicas. El objetivo de la reincorporación al trabajo es que la persona retome las tareas laborales y la empresa logre una retención del talento sostenible.

Los programas de reincorporación al trabajo deben centrarse en tres objetivos principales:

  • Desarrollar e implementar una estrategia eficaz de seguridad y salud en el trabajo para la gestión de enfermedades.
  • Aumentar el número de las personas trabajadoras que regresan al trabajo y permanecen después de una enfermedad con incapacidad temporal para incrementar la sostenibilidad.
  • Crear experiencias positivas de regreso al trabajo y una cultura saludable y de apoyo.

Los factores psicosociales pueden ser cruciales para lograr un rápido regreso al trabajo, es decir, cuando constituyen un activo en lugar de un riesgo. Se debe alentar a las personas trabajadoras con TME a hablar sobre los factores de riesgo psicosocial en el trabajo para recibir apoyo ergonómico, organizativo y psicosocial para garantizar un regreso al trabajo sin problemas.

¿Qué pueden hacer los mandos intermedios?

Para facilitar esta progresiva vuelta al trabajo por parte de los mandos intermedios se debe:

  • Adaptar el equipo de trabajo, incluso sustituyéndolo por otro más ergonómico, capacitando a la persona trabajadora en su uso y proporcionando el tiempo necesario para que se acostumbre, eliminando la presión del tiempo.
  • Cambiar o intercambiar tareas laborales o al menos reducir la duración de las partes difíciles de las tareas, por ejemplo, largos períodos de estar sentado.
  • Permitir a la persona trabajadora rotar tareas, asumir otro rol o trasladarse a un departamento diferente en la empresa. Al mismo tiempo, si es necesario, asegurarse de que los compañeros estén comprometidos y de que se gestionen los posibles conflictos para evitar más problemas.
  • Permitir horarios de trabajo flexibles, lo que también asegura que se pueda asistir a las citas médicas.
  • Permitir que la persona trabajadora tome descansos cuando lo necesite.

Retorno gradual y autocuidado

Un retorno gradual al trabajo es útil para comprobar si los ajustes que se hayan implementado han funcionado; si pueden hacer frente a los factores estresantes y si el apoyo social en el trabajo y de sus familias les ayuda a recuperarse, volver al trabajo y permanecer en sus puestos de trabajo. Este proceso hace que los trabajadores que vuelven se sientan como si tuvieran el control, reduciendo así su miedo al fallo y al estrés.

Es muy importante que el proceso de reincorporación al trabajo y las intervenciones tengan lugar en el momento adecuado. Es decir, ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Por lo general, esto ocurre 6 u 8 semanas después del inicio de la incapacidad temporal.

Cuanto más tiempo un trabajador esté ausente del trabajo, menor será la posibilidad de un buen regreso al trabajo. Después de 6-8 semanas, el tratamiento médico y la rehabilitación médica deberían haber progresado de manera que su salud no se pusiera en peligro cuando reanudaran el trabajo, al menos parcialmente.

El dolor es uno de los principales factores que interfieren en la capacidad laboral. Este genera estrés y viceversa, el estrés aumenta el dolor y, por tanto, agrava los TME. Por este motivo el autocuidado toma especial relevancia: puede combinar evitar esfuerzos innecesarios, hacer ejercicio con regularidad, utilizar técnicas para aliviar el dolor y aprender habilidades de relajación. También es fundamental aprender a comunicar las necesidades para recibir apoyo.

Además, las personas trabajadoras que sufren TME deben identificar los factores psicosociales que influyen en su condición, mantenerse en contacto con su mando intermedio y compañeros para recibir apoyo social y aumentar la comprensión sobre su condición. Si esto es imposible, por ejemplo, porque el acoso por parte de la persona supervisora es el factor de riesgo psicosocial subyacente, deben ponerse en contacto con los delegados de prevención para poner una rápida solución al inconveniente psicosocial.

USO recuerda la importancia de identificar los riesgos laborales

Desde USO advertimos que, a medida que las personas trabajan más tiempo, se prevé que la prevalencia y el impacto de las afecciones musculoesqueléticas aumenten aún más. A su vez, la naturaleza del trabajo está cambiando, por el teletrabajo, lo que significa que los factores psicosociales, como tener el control sobre el trabajo o un buen apoyo social, se vuelven aún más importantes.

Por tanto, es necesario identificar los riesgos y evitarlos en la medida de lo posible, combatiéndolos en su origen e interviniendo para mejorar y reducir los factores psicosociales que pueden tener un impacto importante en la recuperación de los TME y en un regreso sostenible al trabajo.

La vuelta al trabajo parte de dos premisas básicas: la voluntariedad de la persona y la implicación de la empresa. La idoneidad para iniciar un procedimiento concreto de gestión de retorno al trabajo corresponderá siempre a la mutua que deberá decidir, con criterio médico, quién es susceptible de incorporarse a un programa, y en qué momento se debe poner en marcha el proceso.

La mutua se encargará de la gestión del retorno hasta que se dé luz verde a los planes de rehabilitación profesional para personas que padecen enfermedades crónicas o personas que han sido víctimas de accidentes dentro del nuevo Marco Estratégico de Seguridad y Salud en el Trabajo, que se regularán desde la Comisión Europea.

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