El IPC ha registrado en marzo la mayor subida en dos años, de 1,3% con respecto al mismo mes de 2020 y del 1% mirando hacia febrero. La energía en general, tanto para el hogar como los combustibles para el transporte, es la encargada de disparar los precios en marzo, con porcentajes medios del 4% de aumento.

Dentro de una contención de los precios de los productos alimenticios, sigue destacando la subida que registran legumbres y hortalizas, una tendencia que se ha vivido durante toda la pandemia por covid.

“El precio de la energía es el gran lastre de este país para las familias y para la industria. Tenemos una electricidad del hogar muy por encima de nuestro poder adquisitivo medio, y siguen sin regularse mecanismos que abaraten y estabilicen sus precios. Un estudio de nuestra Federación de Industria recoge que el 65% de la factura de la luz son impuestos, y que aplicar un IVA superreducido, como bien imprescindible que es, la abarataría en un 17%. Nos parece que, en el contexto de empobrecimiento que estamos viviendo, es una de las medidas más rápidas y efectivas para atajar la pobreza energética”, expone Laura Estévez, secretaria de Comunicación y Estudios Sindicales de USO.

La brecha de la alimentación: corregir el alza de costes agrícolas en origen

En cuanto a la alimentación, “venimos advirtiendo de que se está dando una brecha de nutrición saludable para las familias con menos recursos. El campo ha sufrido mucho la pandemia, con restricciones a la movilidad que han encarecido la producción, pero las compensaciones deben hacerse en origen para no condicionar así los precios del consumidor final. La dieta es la base de la salud y no puede consentirse una mala alimentación o carencias básicas, especialmente de los más pequeños, en nuestro país”, considera Estévez.

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