Elo no está sola

Elo perdió su empleo un año y medio después de que le diagnosticaran fibromialgia. Eurest, una empresa dedicada a los servicios de cátering, no la quiere en sus filas porque está enferma. Y aunque Elo puede trabajar perfectamente en un puesto de trabajo adaptado, sus jefes han decidido que es mejor echarla a la calle después de 16 años de dedicación intachable. Porque Elo era útil cuando hacía horas extras sin cobrar o cuando los horarios infernales la impedían pasar tiempo con sus dos hijos. Pero ahora que la situación se ha vuelto extremadamente complicada, Eurest se lava las manos porque Elo ya no sirve. Ella dice que se siente como un galgo: “¿Sabes de esos cazadores que pegan un tiro al perro cuando ya no vale? Pues eso soy yo para Eurest. Ya no puedo correr como antes”.

La realidad es incluso más indigna, porque la empresa, incapaz de admitir lo obvio, asegura que el despido se debe a “una amortización de un puesto de trabajo”. Mentira. Ese puesto sigue existiendo. Eurest no quiere trabajadores enfermos y punto. En eso se resumen los estándares morales de una compañía que asegura en su página web que “hace negocios de manera justa: tratando a todos los clientes y subcontratados con honestidad integridad y respeto”. Todo ese código ético es papel mojado, basura publicitaria para vender sus servicios a los clientes que lo que más valoran en realidad es el excelente servicio que día tras día ofrecen empleados como Elo.

Eurest es una marca de la multinacional Compass Group y, según sus propios datos, facturan 365 millones de euros al año, cuentan con 13.000 empleados y ofrecen 75 millones de comidas al año a sus más de 1.900 clientes, entre los que se encuentran firmas destacadas como Talgo, Axa, Avon, Globomedia, Acciona, Naturgy, Carrefour, CaixaFórum, Anaya, ING, Google, Iberdrola, Iberia, Mutua Madrileña, KPMG y numerosas universidades y colegios.

Pero volvamos a la historia de Elo. Todo sucedió el mismo día que ella se incorporaba al trabajo tras una baja. Apenas dos horas después del inicio de su jornada, la empresa la llevó a una sala y allí, sin previo aviso, le comunicaron su despido. Además, le preguntaron sin pensaba denunciarlo, porque Elo es delegada de USO. Aquel momento fue muy duro. Su mente se aferraba a una única idea: “No puede ser un despido objetivo. Es por mi enfermedad. Es porque soy delegada de USO”. Y Elo contestó que por supuesto que iba a recurrir su despido. Entonces, las cosas se pusieron feas de verdad.

No contentos con el daño causado, la persona que la acababa de despedir esperó a que Elo se quedase sola en la sala y le preguntó de forma sibilina: “¿Verdad que tu marido trabaja aquí?”. Elo asegura que se quedó paralizada. Apenas podía respirar y ni siquiera fue capaz de contestar: “Nunca pensé que llegarían a poner en riesgo el empleo de mi marido y, por tanto, mi estabilidad familiar”. La lucha de Elo podría acabar con ambos en el paro, pero ¿qué hacer? ¿Retroceder ante las amenazas? ¿Vivir el resto de su vida con el pesar de haber cedido al miedo?

Pues el caso es que Elo no está sola. Tiene el apoyo de su familia, de sus compañeros de trabajo, de sus colegas en la USO y de todos aquellos que también padecen fibromialgia y saben mejor que nadie que esta es una carrera de resistencia. Así que Elo, ha decidido seguir adelante con su lucha y este próximo jueves 19 de diciembre, se celebrará su SMAC, el Servicio de Mediación Arbitraje y Conciliación que ofrece la Comunidad de Madrid para la resolución de conflictos laborales y evitar de esta manera que ambas partes lleguen a un proceso judicial.

Y allí estaremos, para que todas esas empresas que tratan a sus empleados como si fuesen piezas de recambio que se pueden tirar a la basura nos oigan gritar bien alto que ELO NO ESTÁ SOLA.

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