41 mujeres han sido asesinadas entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 2020 en crímenes catalogados como violencia de género. Desde 2003, cuando comenzaron a contabilizarse estos crímenes de forma individualizada, 1.073 mujeres han sido asesinadas. En 2013, se amplió la categoría de “violencia de género” a los menores que eran asesinados junto a sus madres o para hacerle daño a estas. 37 menores han muerto a manos de sus propios padres o de hombres relacionados con sus madres desde ese año.

Parón de denuncias por violencia de género en 2020 tras un constante crecimiento desde 2013

Los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, salas específicas para que este tipo de delitos que se crearon en 2005, no han hecho más que crecer en los últimos años. Desde 2009 hasta 2013 se observó una tendencia a la baja y ese año marcó el suelo: 124.893 denuncias. Después, comenzaron a subir levemente hasta 2016 y 2017, cuando subieron a tenor de unas 13.000 al año.

Las denuncias se habían estabilizado durante tres años en el máximo, rondando las 170.000 tanto en 2017 como en 2018 y 2019. El año pasado supuso un triste récord: 168.057.

¿Qué pasa entonces en 2020 para que, al finalizar el primer semestre, las cifras estén muy lejos de llegar a la mitad que el año pasado? Entre enero y junio se han contabilizado 70.761 denuncias.

“Los tres meses de confinamiento han tenido un efecto distorsionador de las cifras. Las mujeres que viven con sus agresores han estado a su merced en todos los sentidos y no han podido acudir a denunciar, a pesar de que precisamente han subido todas las estadísticas en esos meses“, advierte Dulce María Moreno, secretaria de Formación Sindical e Igualdad de USO.

Que la pandemia no nos silencie

Este miedo a sacar la voz durante el estado de alarma marca la campaña de USO para este 25 de Noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. “Que la pandemia no nos silencie” es nuestro lema.

“La mascarilla, que tanto nos protege frente al coronavirus, es también la mordaza que hace callar a muchas mujeres. Es el símbolo de la pandemia de puertas para afuera, pero impone el silencio cuando las víctimas se la quitan al llegar a casa”, explica Moreno. “Es necesario quitarse otra máscara, la del miedo, más invisible que la de tela, para alzar la voz. Un mensaje no solo para las víctimas, sino para todos los que saben o sospechan que se está ejerciendo la violencia sobre una mujer”, matiza.

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