Desde el punto vista de la prevención, no hay una definición científica ni legal de hiperconexión digital ni tampoco de desconexión digital, aunque son obvias las consecuencias que produce esa falta de desconexión del trabajo. Entre ellas: el cansancio; el agotamiento mental y cognitivo; la compulsión adictiva para comprobar si se ha pasado algún mensaje por alto, o la imposibilidad de seguir el ritmo de la información recibida y canalizarla (bandeja de correo entrante saturada y sin leer).

En este sentido, un informe del INSST considera que estar permanentemente conectado provoca insomnio, irritabilidad, mal humor, desmotivación, agotamiento mental, falta de energía y menor rendimiento.

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