Ha llegado el ansiado desconfinamiento y, con él, efectos aún desconocidos y muchas personas a las que les han quedado secuelas y traumas. El estado de alarma, que dictó confinarnos en casa bajo cuarentena a partir del pasado 14 de marzo, comenzó como una enorme pesadilla para un gran número de personas. Muchas de ellas, incluso, pudieron experimentar intensos niveles de ansiedad en esos primeros días y semanas. Ahora, en pleno proceso de desescalada, y aunque a priori esto es una noticia positiva, para esas mismas personas, curiosamente, esta vuelta al exterior puede desencadenar potentes sentimientos de ansiedad.

El aislamiento es, pues, un “arma de doble filo”: el individuo se siente aliviado al permanecer en un entorno conocido, mientras que interpreta que todo lo que hay fuera de la casa es peligroso. Estamos ante el llamado “síndrome de la cabaña”.

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