Los accidentes de trabajo con baja, aumentan un 20%

Los accidentes de trabajo con baja, aumentan un 20%

Aumentan los accidentes de trabajo con baja un 20,7%. Los accidentes sin baja también se incrementan en un 10,5%. 467 trabajadores han perdido la vida por el trabajo

En el Avance de la Estadística de Siniestralidad Laboral, hasta agosto, el número de accidentes de trabajo con baja fue de 364.937 mientras que el de accidentes de trabajo sin baja fue de 365.587. Comparando las cifras con el mismo periodo del año anterior, los accidentes con baja experimentaron un aumento del 20,7% y del 10,5%, los accidentes sin baja.

Dentro de los accidentes con baja, se produjeron 318.030 accidentes en jornada de trabajo y 46.907, in itinere. La variación en relación al año anterior se situó en un 19% más para los accidentes en jornada y en el 33,9 % para accidentes in itinere. Por situación profesional, se produjeron 342.702 accidentes con baja en asalariados y 22.235, en trabajadores por cuenta propia.

Respecto a la gravedad de los accidentes, se han producido 384 muertes en jornada de trabajo, son 9 fallecimientos menos respecto al mismo período en 2020 (-2,3%). Por otro lado, en los accidentes de trabajo en jornada se ha producido un aumento de 50.580 en los leves y 198 graves; un 19,1% y un 8,8 % más, respectivamente.

En cuanto a los accidentes in itinere, se produjeron 83 fallecimientos, 5 más que en 2020; 537 accidentes considerados como graves y 46.287 como leves, con un aumento del 10,7% y el 34,3%, en cada nivel de gravedad.

467 trabajadores han muerto

En total, han perdido la vida en el trabajo hasta el mes de agosto 467 trabajadores, cuatro personas menos que hasta agosto de 2020.

Por sectores de actividad, el sector más castigado vuelve a ser el sector servicios con un aumento del 20,3% y donde más se ha conseguido reducir la mortalidad es en el sector agrario con un 47,3% menos.

 

La distribución por sexo de la persona fallecida se observa en el siguiente gráfico. En el caso de los accidentes en jornada, han fallecido 15 hombres menos (-4%), y 6 mujeres más (+30%). Por otro lado, 9 hombres más han fallecido en accidente in itinere (+14,5%), y se han reducido en 4 en el caso de las mujeres (-25%).

El colectivo de conductores y operadores de maquinaria móvil han registrado 103 muertes en e trabajo. En cuanto a las ocupaciones que sufren más fallecimientos durante la jornada, le siguen: trabajadores cualificados de la construcción (56 fallecidos); peones de la agricultura, pesca, construcción, industrias manufactureras y transportes (41 fallecidos) y los trabajadores cualificados de las industrias manufactureras (37 fallecidos).

Si el fallecimiento ha producido como consecuencia de un accidente in itinere, los peones de la agricultura, pesca, construcción, industrias manufactureras y transportes así como os trabajadores de los servicios de restauración y comercio, con 13 trabajadores fallecidos, respectivamente, son las ocupaciones con mayor incidencia de la mortalidad en el trabajo.

Teniendo en cuenta el lugar donde ha sucedido el accidente mortal, los datos absolutos se representan en el siguiente gráfico. Se puede observar que la mayoría de los accidentes mortales se producen en el propio centro de trabajo. Ahondando más sobre el lugar de trabajo, 67 personas han fallecido en líneas de producción, talleres o fábricas; 36, en áreas destinadas principalmente a almacenamiento, carga, descarga; 34, en obras de construcción de edificios, y 13, en obras de edificios en demolición, renovación o mantenimiento.

Entre las causas de fallecimientos, las más numerosas son: los infartos, derrames cerebrales y otras causas estrictamente naturales (146 fallecidos); en lugares públicos o medios de transporte (112) o por accidentes de tráfico (66). Por tanto sigue habiendo una gran incidencia de muertes provocadas por infartos y derrames cerebrales que, aunque no se puede discernir si se producen por causa de riesgos psicosociales, sí que una debida evaluación de estos y la puesta en marcha de medidas preventivas contribuirían a frenar esta negra tendencia.

Formación en PRL y refuerzo de Inspección para colaborar con los delegados de prevención

El 65% de los fallecimientos en el trabajo se producen en lugares donde debe existir un cumplimiento estricto de las normas preventivas. Y el 61% de las personas fallecidas en su lugar de trabajo eran personas trabajadoras que debían haber recibido una formación preventiva añadida, teórica y práctica, suficiente para minimizar los efectos de los riesgos laborales a los que estaban expuestas.

Así, a la luz de estos datos, USO reclama que las empresas cumplan con su obligación de formar en prevención de riesgos laborales a sus trabajadores, para que estos sean conocedores de los riesgos a los que están expuestos así como de las medidas preventivas para contribuir a proteger su salud laboral. Es obligación de las empresas integrar la prevención en el proceso productivo con el objetivo de instruir en la utilización los equipos de trabajo de forma segura, haciendo uso de las protecciones colectivas e individuales puestas a disposición de los trabajadores.

La siniestralidad laboral sigue en aumento constante, por lo que desde USO reiteramos nuestra exigencia al Ministerio de Trabajo y Economía Social para que refuerce a Inspección de Trabajo. Si se produce ese necesario refuerzo, Inspección de Trabajo podrá colaborar con los delegados de prevención en su labor diaria de denuncia de situaciones que incumplen con la prevención de riesgos laborales. Este refuerzo debe realizarse especialmente en zonas de trabajo industriales y obras de construcción donde se han contabilizado 164 fallecimientos este año, un 42%.

Cerca de 2 millones de personas mueren cada año por causas relacionadas con el trabajo

Cerca de 2 millones de personas mueren cada año por causas relacionadas con el trabajo

OMS y la OIT publican un informe con estimaciones sobre enfermedades, lesiones y muertes en el lugar de trabajo.

Alrededor de dos millones de muertes al año se producen en el trabajo. Esta es una de la conclusiones que se extraen del informe realizado por la OMS y la OIT que recoge la estimaciones sobre enfermedades, lesiones y muertes en el lugar de trabajo.

El informe “Estimaciones conjuntas de la OMS y la OIT sobre la carga de morbilidad y traumatismos relacionados con el trabajo, 2000-2016: Informe de seguimiento mundial” destaca que las enfermedades y los traumatismos relacionados con el trabajo provocaron las muertes de 1,9 millones de personas en 2016.

Además, la mayoría de las muertes relacionadas con el trabajo se debieron a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Las causas de muerte más comunes fueron la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (450.000 muertes); el accidente cerebrovascular (400.000 muertes) y la cardiopatía isquémica (350.000 muertes). Los traumatismos ocupacionales causaron el 19% de las muertes en el trabajo (360.000 muertes).

A nivel mundial, las muertes relacionadas con el trabajo se redujeron un 14% entre 2000 y 2016. Entre las causas de esta reducción pueden encontrarse la introducción de mejoras en materia de salud y seguridad en el lugar de trabajo. Pero, sin embargo, las muertes por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares por largas jornadas laborales aumentaron un 41% y un 19%, respectivamente. Esto refleja una tendencia creciente respecto de este factor de riesgo ocupacional relativamente nuevo y psicosocial.

Largas jornadas, principal factor de riesgo

La OMS y la OIT han tenido en cuenta 19 factores de riesgo ocupacional, como la exposición a largas jornadas laborales, a la contaminación del aire, a asmágenos, a sustancias carcinógenas, a riesgos ergonómicos y al ruido. Cada factor de riesgo está vinculado a un resultado sobre la salud específico, es decir, una enfermedad o lesión definida.

Las largas jornadas laborales son el riesgo principal para los trabajadores, según este informe. La exposición a largas jornadas laborales se vincula con unas 750.000 muertes en 2016. En España, el exceso de horas de trabajo fue la causa de 856 muertes, el 9,3% del total de muertes en el trabajo en 2016.

El exceso de horas de trabajo, que superan las 55 horas en algunos países, es el principal motivo de mortalidad laboral en el mundo. La OMS y la OIT defienden que para prevenir esta exposición a largas jornadas laborales se requiere un acuerdo sobre los límites máximos saludables del tiempo de trabajo.

Por otro lado, la exposición a la contaminación del aire (partículas en suspensión, gases y humos) provocó alrededor de 450.000 muertes en el trabajo. En el informe se recomienda que para reducir la exposición a la contaminación del aire en el trabajo, se deben activar medidas preventivas de control del polvo, ventilación y la utilización de los EPI.

Llamada de atención para proteger la salud y seguridad de los trabajadores

Los datos que recoge el informe conjunto de la OMS y la OIT alertan sobre las carencias existentes en cuanto a la protección de la salud de los trabajadores. Las cifras de muertes en el trabajo, de accidentes o de enfermedades profesionales deben servir como llamada de atención para que los países y empresas den a la salud y seguridad en el trabajo la importancia que merecen. Destinar recursos económicos y humanos, pero, sobre todo, proteger la salud de los trabajadores es fundamental y cada vez más necesario.

El informe recoge la necesidad de poner en marcha más medidas para garantizar lugares de trabajo más sanos, más seguros, más resilientes y más justos desde el punto de vista social. Para ello, la promoción de la salud en el lugar de trabajo y los servicios de salud ocupacional desempeñan un papel fundamental.

Desde USO instamos al Gobierno español a que refuerce con recursos económicos y humanos a Inspección de Trabajo y que se lleve a cabo una coordinación de todos los organismos implicados para que sean más eficaces en la vigilancia de las medidas de prevención. Consideramos, asimismo, totalmente necesario que se establezca un foro de debate que reúna a todas las partes afectadas en el diseño y puesta en marcha de medidas de prevención porque los datos son cada vez más alarmantes.

En Julio sigue aumentando la siniestralidad laboral

En Julio sigue aumentando la siniestralidad laboral

Tanto los accidentes de trabajo con baja como los que no generaron IT aumentan, un 20,4% y un 10,6%, respectivamente. La siniestralidad laboral sigue incrementándose.

Continúa el incremento de la siniestralidad laboral en España. De enero a julio, el número de accidentes de trabajo con baja fue 317.258 mientras que el de accidentes de trabajo sin baja fue 317.804. En total, se produjeron 635.062 accidentes de trabajo. Comparando las cifras con el mismo periodo del año anterior, los accidentes con baja experimentaron un aumento del 20,4% y del 10,6%, los accidentes sin baja.

Dentro de los accidentes con baja, se produjeron 275.901 en jornada de trabajo y 41.357, in itinere. La variación en relación al año anterior se situó en un 18,7% más para los accidentes en jornada y en el 33,3% para accidentes in itinere. Por situación profesional de los accidentes con baja, se produjeron mayoritariamente entre asalariados (297.978 accidentes).

406 muertes en el trabajo

En los siete primeros meses de 2021 la siniestralidad laboral con resultado de muerte ha descendido un 2,9%. sin embargo, estamos aún ante cifras escandalosas con 406 personas muertas en el trabajo.

De estos accidentes mortales en el trabajo, 329 se produjeron en jornada, 17 fallecimientos menos que en el mismo periodo de 2020. El resto, 77 se produjeron in itinere, 5 más que en 2020, lo que supone un aumento del 6,9%.

En todos los sectores productivos se produce un descenso de la mortalidad en el trabajo, salvo en el sector servicios, en el que se han producido un 12,9% más.

Si atendemos a la gravedad de los accidentes de trabajo en jornada de enero a julio, han aumentado hasta los 43.317 los accidentes leves (18,8%) y hasta los 197 los graves (un 10% más). En el caso de los accidentes in itinere, 471 han sido considerados como graves y 40.809 como leves, con un aumento de un 10,6% y 33,7%, en cada nivel de gravedad.

Infartos y derrames, causas de accidente de trabajo

Si atendemos a la forma o contacto en la que se produjo el accidente laboral, se puede comprobar que los registrados como infartos o derrames suponen el 38% de los mismos.

Aunque no se pueden controlar todos los factores que causan enfermedades cardiovasculares, como la edad o características hereditarias, sí se puede prevenir la aparición de las patologías promoviendo un estilo de vida saludable dentro de la empresa y controlando los factores de riesgo específicos a través de los reconocimientos médicos.

Por tanto, se debe vigilar:

  • Que la presión arterial sea la correcta. Una elevada presión arterial aumenta el riesgo de padecer infartos cerebrales y de miocardio, insuficiencia renal e insuficiencia cardíaca.
  • El colesterol: cuando las células son incapaces de absorber todo el colesterol que circula por la sangre, el sobrante se deposita en la pared de las arterias y contribuye a su progresivo estrechamiento originando la arterosclerosis.
  • El sedentarismo, que contribuye a acentuar los efectos de otros factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión o el colesterol.
  • El riesgo de la obesidad. Aquella que se acumula en el abdomen es la que afecta en mayor medida al corazón.
  • La frecuencia cardíaca, que debe oscilar entre 50 y 100 latidos por minuto en las personas adultas.
  • El tabaquismo acelera la frecuencia cardíaca, contrae las arterias principales y puede ocasionar alteraciones en el ritmo de los latidos del corazón.
  • La salud bucodental, tiene una relación estrecha con la salud cardiovascular.
  • La diabetes mellitus es una enfermedad que se produce cuando el páncreas no puede fabricar insulina suficiente o cuando ésta no logra actuar en el organismo porque las células no responden a su estímulo.
  • El estrés es una respuesta fisiológica del organismo frente a lo que cada uno puede considerar una agresión externa. Aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, aumentando la necesidad de oxígeno del corazón. De la misma forma, aumenta la concentración de factores de coagulación en sangre, aumentando así el riesgo de que se forme un coágulo. Los coágulos pueden obstruir totalmente una arteria ya parcialmente obstruida por placa y ocasionar un ataque al corazón.

En USO, estamos convencidos de que los esfuerzos preventivos para reducir la siniestralidad laboral deberían pasar por monitorizar a las personas que posean más de un factor de riesgo concurrente para que se actualice una patología cardiovascular. Con el objetivo de actuar sobre las condiciones de trabajo se podría promover la implantación de un programa de salud específico, dirigido a una parte de la plantilla, a través del Comité de Seguridad y Salud.

¿Cómo identificar los síndromes laborales?

¿Cómo identificar los síndromes laborales?

Es fundamental conocer los principales síndromes laborales e identificar sus síntomas  para poder prevenirlos.

Desde USO te explicamos los más comunes, relacionándolos con los riesgos psicosociales que provocan

Los síndromes laborales se han disparado coincidiendo con la pandemia. Estos síndromes están relacionados con riesgos psicosociales y pueden afectar al desempeño de un trabajo y provocar problemas de salud mental a quien los sufre.

A continuación, te explicamos los síndromes laborales más comunes entre los trabajadores, como son el síndrome del trabajador quemado o burnout; el del trabajador burbuja; del impostor; de Munchausen o el de Estocolmo laboral.

  • Síndrome del trabajador quemado o burnout

El síndrome del trabajador quemado fue reconocido en 2019 por la Organización Mundial de la Salud como enfermedad. Se trata de un trastorno adaptativo crónico o cuadro de estrés crónico, que resulta del esfuerzo intenso y sostenido en el tiempo que soporta la persona, con una sobreexigencia y tensión que generan importantes riesgos de contraer enfermedades, pudiendo afectar negativamente al rendimiento y la calidad del servicio profesional.

Es una patología que incorpora una respuesta prolongada de estrés ante factores de carácter emocional e interpersonal derivados del trabajo, y que incluyen fatiga crónica e incapacidad para alcanzar los objetivos laborales propuestos. Se evidencia más en trabajos que implican servicios humanos de ayuda, lo cual no excluye la aparición del síndrome en otras profesiones como directivos, mandos intermedios o entrenadores.

Como consecuencia de este estrés que se genera pueden aparecer síntomas depresivos como reacción dirigida a preservar las energías físicas, y en el caso de este síndrome labora, la depresión viene asociada a una pérdida de ideales. Resulta significativo que en el estrés los síntomas de agotamiento remiten con el descanso, mientras que en este síndrome, al afectar a la motivación, no remiten.

Suele aparecer cuando la persona ve defraudadas sus expectativas al estar imposibilitada para modificar la situación laboral y poner en práctica sus ideas acerca de cómo debe realizar el trabajo. El trabajador se siente frustrado e impotente ante la imposibilidad de variar las circunstancias o factores que inciden en la forma en que viene prestando sus servicios. Aparece así una pérdida de autoestima, así como un sentimiento de carencia de recursos personales y humanos para afrontar la actividad cotidiana.

La causa de su aparición se suele identificar con la sobrecarga laboral, la excesiva burocratización, la descoordinación o la falta de sintonía con la dirección, circunstancias que tienen que ver con la organización del trabajo y de la gestión de los recursos humanos en las empresas implicadas. La duración del trabajo, la intensidad del mismo, su complejidad o la falta de los objetivos propuestos se identifican como factores desencadenantes de este síndrome laboral.

El síndrome del trabajador quemado tiene consecuencias perjudiciales para la salud de la persona trabajadora como cualquiera de los síndromes laborales que pueden sufrirse. En este caso, lo hace a través de alteraciones psicosomáticas, que pueden manifestarse como migrañas; gastritis; alteraciones del sueño o mareos, pudiendo derivar en una sintomatología ansioso-depresiva y en una situación incapacitante.

  • Síndrome del trabajador burbuja

Otro de los síndromes laborales más comunes es el del trabajador burbuja. Lo sufren quienes sienten permanentemente que no desconectan por completo de su trabajo. Se trata de una situación agravada con la implantación acelerada del teletrabajo y la consecuente hiperconectividad laboral que provoca tecnoestrés. El tecnoestrés es una enfermedad causada por la incapacidad para enfrentarnos a las nuevas tecnologías de un modo psicológicamente saludable.

El primer síntoma que indica la presencia de este tipo de estrés es la ansiedad, que se traduce en irritabilidad, dolor de cabeza, pesadillas, resistencia a aprender a manejar las tecnologías e, incluso, rechazo total a las mismas. En caso contrario, estaríamos ante la tecnoadicción, debido a la incontrolable compulsión a utilizar las TIC en todo momento y lugar durante largos períodos de tiempo.

El impacto negativo de las TIC en el ámbito laboral puede verse aumentado por el uso personal, dado que se aumenta el tiempo de exposición. Estar permanentemente conectado al trabajo supone un riesgo para las personas que, además de afectar a la salud psicofísica, afecta también a la esfera personal. Será necesario adoptar medidas organizativas que limiten esa conexión virtual después del trabajo.

Con la aprobación de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, se busca proteger a la persona trabajadora de intrusiones de la empresa fuera de las horas de trabajo. Para marcar los límites, la LO 3/2018 remite, como casi siempre, a la negociación colectiva o a lo pactado entre la empresa y la representación sindical de los trabajadores.

Aborda, a la vez, el teletrabajo donde los límites entre la vida personal y laboral están más difusos. En la situación de teletrabajo hay que distinguir muy bien entre lo que se considera como horario de trabajo y tiempo de descanso, pudiéndose efectuar comunicaciones en el primer caso y limitando las mismas en el segundo.

Así, el convenio colectivo va a ser el instrumento básico que establezca las reglas del juego en el uso de los dispositivos digitales en el ámbito laboral. Además, se ha tomar en consideración el art. 14 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que marca el deber universal del empresario de protección frente a los riesgos laborales.

  • Síndrome del impostor

El síndrome del impostor trata de la incapacidad que tienen algunas personas para asumir y atribuirse los éxitos y logros alcanzados en el ámbito profesional. Suelen considerar que estos son producto de la suerte, la coincidencia o la ayuda de otras personas. Esta percepción provoca un miedo constante a ser descubiertas por un engaño basado en el sentimiento de que no se merecen el cargo que desempeñan.

Las personas que lo padecen tienen dificultad para aceptar elogios; se sienten fracasados por no conseguir los altos objetivos autoimpuestos y proyectan una comparación constante con las demás personas del equipo. Esto genera que no se disfrute con la labor que se realiza en la organización -lo que puede ser el inicio también del síndrome de burnout-, por lo que es necesario crear buenas y saludables redes de feedback constante, para dar y recibir apoyo social. Aceptarse como se es, aumenta la autoestima y nos hace más realistas frente a lo que podemos o no alcanzar profesionalmente, teniendo en cuenta el valor de los logros y éxitos ya alcanzados.

  • Síndrome de Munchausen

El síndrome de Munchausen es otro de los síndromes laborales más comunes. Se trata de un trastorno psicológico que lleva a provocar conflictos para tener la oportunidad de resolverlos ellos mismos, con el propósito de buscar un reconocimiento para mejorar su reputación.

Suele darse en perfiles de personas supervisoras inexpertas, con poca formación y que se sienten amenazadas, con miedo a perder su puesto por alguna persona más capacitada. Usan su posición para crear incendios y pretender ser indispensable al solucionarlos. Después, realiza farragosos informes, aunque haya sido una nimiedad, en los que remarca las causas y orígenes de la situación, explica minuciosamente los pasos que siguió para encontrar y aplicar las medidas adecuadas y eliminar la contrariedad para la empresa.

La erosión que supone la generación constante de conflictos en el trabajo conlleva, entre otras:

  • Una disminución de la motivación del resto del equipo.
  • Una menor implicación y compromiso con la organización.
  • Una dificultad de comunicación en el trabajo en equipo.
  • Un aumento de rotación de personal externa y un fracaso de las políticas de retención del talento.
  • Una acusada pérdida de productividad.

Para detectar a este tipo de personas se pueden utilizar herramientas como la evaluación del desempeño o el feedback 360, donde se tenga en cuenta la perspectiva que tienen las demás personas que interactúan con la persona que supuestamente sufre el síndrome; cómo identifican y gradúan los mismos problemas, y cómo se resuelven cuando no participa activamente en la solución.

  • Síndrome de Estocolmo laboral

En el síndrome de Estocolmo laboral, muchas personas sufren ofensas por parte de sus superiores, pero no las detectan como tales e incluso llegan a justificarlas, haciéndose más vulnerables y perdiendo capacidades para el desempeño de su actividad. En estos casos, se ha diferenciar entre ofensas puntuales o continuas o entre violencia psicológica o acoso psicológico en el trabajo.

Para considerarlo como acoso psicológico en el trabajo se deben cumplir criterios temporales de frecuencia o duración, produciéndose de forma reiterada, excluyendo aquellos hechos aislados como conflictos puntuales entre personas trabajadoras, que aunque constituyen un riesgo de tipo psicosocial no se ajustarían a la definición de acoso psicológico.

De esta forma, la exposición a estos comportamientos debe suceder durante un periodo de tiempo prolongado. Sin embargo, debe tenerse en cuenta también que determinadas acciones aisladas como cambios de puesto no justificados o aislamiento físico injustificado, que sin ser reiteradas tienen una continuidad temporal, también podrían ser indicativas de posibles situaciones de acoso psicológico.

En estos casos no tiene por qué exigirse la demostrada intención de hacer daño para que deba gestionarse su prevención, tomando las medidas pertinentes y suponiendo, en caso contrario, un incumplimiento por parte de la organización.

Por tanto, la intencionalidad no es una característica que deba probarse en el ámbito técnico de la prevención de riesgos laborales, aunque puede ser un factor agravante a tener en cuenta desde el punto de vista jurídico o psicológico.

En ningún caso, las personas no deben tolerar faltas de respeto o violencia psicológica en su puesto de trabajo, por lo que a la menor incidencia se debe poner a actuar el preceptivo protocolo frente a la violencia. Si no estuviera articulado, es función de los delegados de prevención promover su elaboración.

  • Cuidar el clima laboral

Todos los síndromes laborales que hemos descrito tienen consecuencias negativas para la persona que los sufre, para el entorno cercano y para la empresa en su conjunto. Por ello, la empresa debe permanecer atenta para que el clima laboral sea lo más estable y calmado con el objetivo de se refleje en el estado de ánimo de la plantilla.

Para medir el clima laboral se deben distinguir entre aquellas variables que atañen a las características individuales de la persona; las que tienen que ver con las características del trabajo y las relativas a la situación laboral en sí misma. La dirección por objetivos es una política que los representantes de los trabajadores puede proponer para establecer un sistema de recompensas, que haga que las personas se consideren motivadas y realizadas en su puesto de trabajo.

¿Cómo gestionar la vuelta al trabajo tras una IT?

¿Cómo gestionar la vuelta al trabajo tras una IT?

USO te ofrece algunos consejos para gestionar los riesgos psicosociales y los TME.

En la vuelta al trabajo, la interrelación entre riesgos psicosociales y TME pueden dificultar este regreso tras una incapacidad temporal. Por ello desde el Gabinete de Salud Laboral analizamos la conexión entre ambos y os ofrecemos algunos consejos para gestionar adecuadamente estos riesgos para vuestra salud laboral.

Interrelación entre TME y riesgos psicosociales

Los trastornos musculoesqueléticos o TME son causantes de la mayor parte de la siniestralidad y el absentismo en la empresa. Se caracterizan típicamente por dolor y limitaciones en la movilidad, la destreza y la capacidad funcional, lo que reduce la capacidad de las personas para trabajar y participar en roles sociales con impactos asociados en el bienestar mental.

Las intervenciones para mejorar y reducir los factores de riesgos psicosociales asociados al estrés pueden tener un impacto importante en la recuperación de los TME y en una vuelta sostenible al trabajo. Un informe de EU-OSHA muestra los hallazgos de cómo los factores de riesgo psicosocial en el trabajo y los TME están conectados:

  • El bajo apoyo social tiene relación con el dolor muscular, específicamente, con el dolor en la espalda baja, el cuello y los hombros.
  • Un bajo nivel de control del trabajo, lo que incluye una falta de autoridad para la toma de decisiones, se ha demostrado que está directamente relacionada con el dolor de espalda, cuello, hombros, muñecas, codos, caderas y rodillas.
  • La poca satisfacción laboral se asocia con el dolor en las extremidades superiores y la espalda baja.
  • La falta de conciliación y los conflictos entre el trabajo y la vida están asociados con el dolor lumbar.
  • En los casos de discriminación, acoso e intimidación, se encontró una relación indirecta a través de la tensión psicológica.

Por tanto, ha quedado demostrado que existe una estrecha interacción entre el dolor musculoesquelético y la salud mental. Más ejemplos: se han encontrado asociaciones entre TME en la espalda, miembros inferiores y superiores y situaciones de abuso verbal, atención sexual no deseada, intimidación e instrucciones de trabajo poco claras, o que para aquellas personas con un TME crónico es más difícil ignorar sus síntomas de dolor cuando se sienten estresadas.

La EU-OSHA recomienda en varios informes que se debe llevar a cabo una evaluación de riesgos integrada. Esto implica que las herramientas de evaluación de riesgos deben actualizarse para cubrir la relación entre los riesgos físicos y psicosociales. Por tanto, as evaluaciones de los riesgos físicos y psicosociales deben estar vinculadas.

Vuelta al trabajo después de una incapacidad temporal

Las medidas de vuelta al trabajo tienen por objeto facilitar la reinserción laboral después de una incapacidad temporal de larga duración. Su objetivo es apoyar a los trabajadores con capacidad de trabajo reducida, ya sea que sufran TME crónicos, cáncer u otros problemas de salud.

Estas medidas de reincorporación les ayudan a recuperar su salud en el trabajo y a reducir los riesgos de incapacidades a largo plazo, que a menudo se asocian con enfermedades crónicas. El objetivo de la reincorporación al trabajo es que la persona retome las tareas laborales y la empresa logre una retención del talento sostenible.

Los programas de reincorporación al trabajo deben centrarse en tres objetivos principales:

  • Desarrollar e implementar una estrategia eficaz de seguridad y salud en el trabajo para la gestión de enfermedades.
  • Aumentar el número de las personas trabajadoras que regresan al trabajo y permanecen después de una enfermedad con incapacidad temporal para incrementar la sostenibilidad.
  • Crear experiencias positivas de regreso al trabajo y una cultura saludable y de apoyo.

Los factores psicosociales pueden ser cruciales para lograr un rápido regreso al trabajo, es decir, cuando constituyen un activo en lugar de un riesgo. Se debe alentar a las personas trabajadoras con TME a hablar sobre los factores de riesgo psicosocial en el trabajo para recibir apoyo ergonómico, organizativo y psicosocial para garantizar un regreso al trabajo sin problemas.

¿Qué pueden hacer los mandos intermedios?

Para facilitar esta progresiva vuelta al trabajo por parte de los mandos intermedios se debe:

  • Adaptar el equipo de trabajo, incluso sustituyéndolo por otro más ergonómico, capacitando a la persona trabajadora en su uso y proporcionando el tiempo necesario para que se acostumbre, eliminando la presión del tiempo.
  • Cambiar o intercambiar tareas laborales o al menos reducir la duración de las partes difíciles de las tareas, por ejemplo, largos períodos de estar sentado.
  • Permitir a la persona trabajadora rotar tareas, asumir otro rol o trasladarse a un departamento diferente en la empresa. Al mismo tiempo, si es necesario, asegurarse de que los compañeros estén comprometidos y de que se gestionen los posibles conflictos para evitar más problemas.
  • Permitir horarios de trabajo flexibles, lo que también asegura que se pueda asistir a las citas médicas.
  • Permitir que la persona trabajadora tome descansos cuando lo necesite.

Retorno gradual y autocuidado

Un retorno gradual al trabajo es útil para comprobar si los ajustes que se hayan implementado han funcionado; si pueden hacer frente a los factores estresantes y si el apoyo social en el trabajo y de sus familias les ayuda a recuperarse, volver al trabajo y permanecer en sus puestos de trabajo. Este proceso hace que los trabajadores que vuelven se sientan como si tuvieran el control, reduciendo así su miedo al fallo y al estrés.

Es muy importante que el proceso de reincorporación al trabajo y las intervenciones tengan lugar en el momento adecuado. Es decir, ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Por lo general, esto ocurre 6 u 8 semanas después del inicio de la incapacidad temporal.

Cuanto más tiempo un trabajador esté ausente del trabajo, menor será la posibilidad de un buen regreso al trabajo. Después de 6-8 semanas, el tratamiento médico y la rehabilitación médica deberían haber progresado de manera que su salud no se pusiera en peligro cuando reanudaran el trabajo, al menos parcialmente.

El dolor es uno de los principales factores que interfieren en la capacidad laboral. Este genera estrés y viceversa, el estrés aumenta el dolor y, por tanto, agrava los TME. Por este motivo el autocuidado toma especial relevancia: puede combinar evitar esfuerzos innecesarios, hacer ejercicio con regularidad, utilizar técnicas para aliviar el dolor y aprender habilidades de relajación. También es fundamental aprender a comunicar las necesidades para recibir apoyo.

Además, las personas trabajadoras que sufren TME deben identificar los factores psicosociales que influyen en su condición, mantenerse en contacto con su mando intermedio y compañeros para recibir apoyo social y aumentar la comprensión sobre su condición. Si esto es imposible, por ejemplo, porque el acoso por parte de la persona supervisora es el factor de riesgo psicosocial subyacente, deben ponerse en contacto con los delegados de prevención para poner una rápida solución al inconveniente psicosocial.

USO recuerda la importancia de identificar los riesgos laborales

Desde USO advertimos que, a medida que las personas trabajan más tiempo, se prevé que la prevalencia y el impacto de las afecciones musculoesqueléticas aumenten aún más. A su vez, la naturaleza del trabajo está cambiando, por el teletrabajo, lo que significa que los factores psicosociales, como tener el control sobre el trabajo o un buen apoyo social, se vuelven aún más importantes.

Por tanto, es necesario identificar los riesgos y evitarlos en la medida de lo posible, combatiéndolos en su origen e interviniendo para mejorar y reducir los factores psicosociales que pueden tener un impacto importante en la recuperación de los TME y en un regreso sostenible al trabajo.

La vuelta al trabajo parte de dos premisas básicas: la voluntariedad de la persona y la implicación de la empresa. La idoneidad para iniciar un procedimiento concreto de gestión de retorno al trabajo corresponderá siempre a la mutua que deberá decidir, con criterio médico, quién es susceptible de incorporarse a un programa, y en qué momento se debe poner en marcha el proceso.

La mutua se encargará de la gestión del retorno hasta que se dé luz verde a los planes de rehabilitación profesional para personas que padecen enfermedades crónicas o personas que han sido víctimas de accidentes dentro del nuevo Marco Estratégico de Seguridad y Salud en el Trabajo, que se regularán desde la Comisión Europea.

USO te explica cuáles son los colectivos con más riesgo de sufrir accidentes de trabajo.

USO te explica cuáles son los colectivos con más riesgo de sufrir accidentes de trabajo.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo ha publicado un informe en el que se identifican los colectivos con mayor riesgo de sufrir accidentes de trabajo. Entre ellos, asistencia en residencias, industria alimentaria y metálica y construcción.

Bajo el título “Priorización de Actividades Económicas, según Siniestralidad Total y Grave-Mortal Ajustada por la Población Afiliada”, clasifica las actividades económicas, atendiendo únicamente al índice de incidencia de Accidentes de Trabajo con baja en jornada. De esta forma se detecta, a grandes rasgos, aquellos colectivos con mayor probabilidad de sufrir accidentes en el trabajo.

Este criterio, el índice de incidencia de accidentes con baja en jornada, podría ser de especial utilidad para detectar a los grupos más vulnerables, pudiendo orientar la planificación de recursos en materia de evaluación de riesgos o vigilancia de la salud específica.

Adicionalmente, existiría un criterio de clasificación más próximo al término de eficiencia. Es decir, considerando no sólo la probabilidad de que el accidente se materialice sino también analizando dónde se encuentra el mayor número de población en riesgo de sufrirlo. Este segundo criterio que aborda la cuestión desde una doble perspectiva, sería más útil en el diseño de planes que requieran una óptima gestión de recursos que garantice la consecución de programas preventivos eficientes.

Colectivos según accidentes de trabajo en jornada y afiliados del sector

El informe del INSST se centra en priorizar las actividades económicas en función de dos parámetros: el índice de incidencia de accidentes de trabajo en jornada y el número de trabajadores que desarrollan su trabajo en una actividad concreta.

Así, en una primera clasificación se considera el total de accidentes en jornada de trabajo con baja en 2019, referidos a la totalidad de la población afiliada con la contingencia de accidente de trabajo cubierta. Las ramas prioritarias en función de la siniestralidad y la población en riesgo son:

  • Asistencia en establecimientos residenciales.
  • Industria de la alimentación.
  • Actividades de construcción especializada.
  • Construcción de edificios.
  • Fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo.

Una segunda clasificación se realiza excluyendo del cómputo los accidentes leves lo que hace que esta segunda jerarquización se centre en los accidentes de peor repercusión (graves, muy graves y mortales). Es decir, se priorizan las actividades más peligrosas.

Las ramas prioritarias en función del impacto de la siniestralidad, gravedad y la población en riesgo son:

  • Agricultura, ganadería, caza y servicios relacionados con las mismas.
  • Fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo.
  • Transporte terrestre y por tubería.
  • Actividades de construcción especializada.
  • Construcción de edificios.

Teniendo en cuenta la perspectiva de género, las actividades con más riesgos de sufrir accidentes laborales entre los trabajadores son:

  • Industria de la alimentación.
  • Fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo.
  • Construcción de edificios.
  • Actividades de construcción especializada.
  • Almacenamiento y actividades anexas al transporte.
  • Servicios a edificios y actividades de jardinería.

Entre las trabajadoras, las actividades con mayor probabilidad de sufrir accidentes laborales son:

  • Agricultura, ganadería, caza y servicios relacionados con las mismas.
  • Servicios a edificios y actividades de jardinería.
  • Actividades de servicios sociales sin alojamiento.
  • Industria de la alimentación.
  • Servicios de alojamiento.
  • Asistencia en establecimientos residenciales.
  • Actividades relacionadas con el empleo.

Desde USO pedimos que las campañas orientadas a disminuir los accidentes de trabajo estén coordinadas y diseñadas para actuar sobre el factor humano, menos modificable que el técnico, que produce el accidente. Actuando sobre las personas adecuadas se podrá ahorrar en los efectos y en los costes directos e indirectos que produce la incapacidad.