“Hacer del trabajo doméstico un trabajo decente”: 10 años del Convenio OIT 189:

“Hacer del trabajo doméstico un trabajo decente”: 10 años del Convenio OIT 189:

Por un trabajo doméstico decente, tras 10 años del Convenio número 189 de la OIT, se han conseguido muchos avances, pero quedan muchos retos, como que España lo ratifique

Se cumplen 10 años del Convenio 189 de la OIT, sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, que se adoptó en 2011. En este tiempo, se han conseguido algunos avances laborales para las trabajadoras de hogar. Pero, desgraciadamente, en la mayoría de países estas se siguen enfrentando a la precariedad y la falta de derechos y coberturas legales. 75,6 millones de personas pertenecen al sector del empleo doméstico: un trabajo esencial, mayormente feminizado, que no se reconoce ni valora como debería.

El informe publicado por la OIT una década después del acuerdo para el Convenio 189 ofrece una radiografía actual las condiciones en las que se encuentra el empleo doméstico. Además, evalúa los avances que se producido desde entonces en esta materia, así como el impacto ocasionado por el covid-19.

Asimismo, anima a los países a seguir luchando por los derechos de estas trabajadoras, que suponen el 2,3% de la fuerza de trabajo en el mundo (un 4,5% si contamos solo los asalariados).

España sigue sin ratificar el Convenio 189 de la OIT

A pesar de cumplirse 10 años del acuerdo, el Convenio solo ha sido ratificado por 32 países. España aún no lo ha hecho.

Esto provoca que las trabajadoras de hogar carezcan de los mismos derechos que el resto de trabajadores frente al despido, la protección por desempleo o la prevención de riesgos laborales, entre otros aspectos. Por ello, desde USO reiteramos nuestra petición al Gobierno de España para que lo ratifique, pues, a pesar de estar en la agenda política desde hace años, una década después aún no se ha consumado.

Aunque el trabajo doméstico se caracterice principalmente por tener el hogar como lugar de trabajo, es habitual que este implique el cuidado de personas. Esto lo convierte en un trabajo esencial y de gran responsabilidad. A pesar de ello, un 80% de las personas que realizan tareas domésticas en el mundo lo hace de manera informal, lo que implica necesariamente una gran carga de trabajo, abusos y bajos salarios, así como ausencia de coberturas sociales.

Si bien la proporción de personas trabajadoras y las condiciones varían según el país, existe un común denominador: es un sector feminizado (76,2% mujeres), a excepción de los estados árabes, donde hay un 63,3% de hombres.

Por regiones, los mayores empleadores de este tipo de trabajo son Asia y el Pacífico (el 50%) y las Américas (23%), y los que emplean en menor proporción, Europa y Asia Central. Asimismo, la mayor proporción de trabajadores se encuentra en los estados árabes (14,8%), seguidos de América Latina y el Caribe (8,4%), África (7,3%), y Asia y el Pacífico (4,6%). En Europa y Asia Central, el trabajo doméstico solo representa el 1% de los trabajadores.

Se da una sobrerrepresentación en países de ingresos medianos-altos, donde internas y migrantes son más vulnerables y las trabajadoras se exponen a todo tipo de riesgos, especialmente a la violencia y el acoso. Además, se espera que se siga incrementando el empleo doméstico, sobre todo por razones demográficas, y que este tenga un importante papel en la recuperación económica post-covid.

Avances legales desde la firma del convenio

El grado de cobertura legal se ha incrementado desde 2010. Se ha producido una disminución de 16,3 puntos porcentuales de trabajadoras sin cobertura laboral legal. La mayoría de las trabajadoras totalmente excluidas se encuentran en los estados árabes, Asia y el Pacífico. En las Américas, y Europa y Asia Central están en su mayor parte cubiertas y equiparadas a las demás trabajadoras.

Aunque con disparidades regionales, estos han sido los principales avances:

  • Tiempo de trabajo. Ha aumentado en 7,2 puntos porcentuales el número de trabajadoras domésticas con derecho a límites en sus horas de trabajo; en 21 puntos, las que pueden disfrutar de un descanso semanal; y en 12,6, las que han adquirido periodos vacacionales anuales. Aunque algunos países siguen lejos de los objetivos propuestos: aproximadamente un 28% de los países no dispone de límite horario, el 14% no contempla el derecho al descanso semanal y el 11% no proporciona derecho a vacaciones anuales remuneradas.
  • Salarios. Se han conseguido muy pocos avances en esta materia. Destaca la implementación de leyes que garantizan un salario mínimo o para limitar su remuneración en especie. En este sentido, se ha registrado un ligero aumento de trabajadoras domésticas con estos dos derechos, de 2,9 y 7,2 puntos porcentuales más, respectivamente. No obstante, los datos son todavía malos: en un 22,2% de países, no se cubre el salario mínimo.
  • Seguridad social. Aunque los niveles de cobertura de la seguridad social varían en función de las ramas de esta y de los países, el dato general es alarmante: solo un 6% de las trabajadoras domésticas está totalmente cubierto por la seguridad social. La rama más común sigue siendo la cobertura de las pensiones (un 50% de los países). No así la prestación por desempleo, que solo tiene el 25%. También son muy comunes los permisos y prestaciones por maternidad, un 74,1% y un 68,5% de los países, respectivamente. Pero estas coberturas no llegan en torno al 47% de trabajadoras.

Impacto del covid-19

En cuanto a los impactos del covid-19 en el trabajo doméstico, se resumen en una merma de los derechos laborales, un empeoramiento de sus condiciones de trabajo, sobre todo en los trabajadores informales, y el difícil acceso a las ayudas estatales.

En muchos casos, ha supuesto la pérdida del empleo o descenso salarial: en el segundo trimestre de 2020, disminuyó el número de trabajadoras domésticas entre un 5 y un 20% Europa, y en torno al 50% en América Latina y el Caribe, con respecto al último trimestre del año anterior. Otros han aumentado la carga de trabajo o han tenido que cuidar de pacientes de riesgo, con lo que ello conlleva.

A este respecto, USO recuerda que los cuidados no han parado. Es ahora, precisamente, cuando se ha evidenciado la condición esencial del empleo en los hogares y debemos seguir luchando conjuntamente para hacer del trabajo doméstico un trabajo decente, aunque la engañosa vuelta a la normalidad nos ha hecho olvidar lo importante que fueron durante el confinamiento total de la población.

Claves para conseguir un trabajo decente

Por último, el informe insta a los países a adoptar medidas orientadas a fomentar el trabajo doméstico decente y ofrece algunas pautas de mejora, entre las que se encuentran muchas que ya se vienen siguiendo hasta ahora.

La formalización del trabajo como primer paso; un mayor y más abierto diálogo social; leyes que dignifiquen los salarios a través, por ejemplo, de un salario mínimo; una legislación que limite el tiempo de trabajo en función de ese salario y que garantice los tiempos de descanso pertinentes; llevar a cabo campañas de sensibilización para poner de relieve la importancia y los beneficios que suponen las mejoras en el conjunto de la sociedad; medidas para facilitar el acceso a la seguridad social; y protocolos legales que regulen los riesgos laborales, especialmente la violencia y el acoso.

A la vista de los datos que aporta este informe de la OIT, desde USO celebramos los avances que se han producido en favor del trabajo doméstico decente. Pero no olvidamos que queda mucho por hacer. En concreto, en nuestro país destacamos los siguientes objetivos para que el próximo balance global arroje mejores cifras que de las que disponemos hoy:

  • Dotar a este trabajo del valor que se merece, especialmente en estos tiempos en los que los cuidados se han revelado como algo esencial.
  • Utilizar las herramientas necesarias para reconocer el empleo doméstico; reducir la informalidad; y equipararlo en derechos laborales y sociales al resto de empleos.
  • Eliminar las barreras a la organización asociacional y sindical de los empleados domésticos.
  • Fomentar la participación de estos trabajadores en el diálogo social.
  • Más inversión pública destinada a la concienciación.
  • Una mayor implicación de los países que han cumplido los objetivos para empujar a los que no lo han hecho.